Vida y logros del death metal (I)

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Si nos detenemos un segundo y  miramos el panorama actual del metal, a nivel global, vemos la bestial fragmentación que ha sufrido en todas y cada una de sus variantes. Es fácil perderse ahora en la clásica disputa “metal puro vs falso” o si los “cores” —metalcore, mathcore, hay decenas de subvariantes difícilmente catalogables— entran dentro de la clasificación típica.

Que no se vea este post, por tanto, como un “cualquier tiempo pasado fue mejor”, o como un desprecio al core. Lo que quiero es, simplemente, mostrar lo aparentemente simple que era antes etiquetar a un grupo con un estilo. ¿Ventaja? ¿Inconveniente? Yo lo veo más como lo primero, a pesar de sí que es verdad que con los años se puede caer en la saturación.

El death metal, como tal, no nace con nombre. Es de su hermano mayor, el trash metal, de donde empiezan a salir sonidos más complejos (tanto vocales como instrumentales). Sonidos que se alejan de la herencia del trash, el punk, y que apuestan por el virtuosismo, así como por tocar otros temas en las letras de las canciones.

  live_zarata_the_damnedImagen tomada de la galería de Mediaspin de Hank Grebe

Pero si hay algo que caracteriza a este death metal, y que da sentido a su nombre (algo así como metal de muerte), es la necesidad de sus precursores por llegar a algo extremo —palabra utilizada también para agrupar a otros estilos más, digamos, bestias como grindcore o black metal—. Además, Death Metal es el nombre del primer demo de Possessed, banda que sería, en 1985 con su Seven Churches, la pionera absoluta del género.

Es Jeff Becerra, vocalista de esta formación, quién clavó una definición perfecta del género:

“Estabamos tocando e intentábamos ser la cosa más dura en la faz de la tierra. Queríamos que jodiera a la gente y mandarlos a casa. Y algo así no se puede llamar flower metal (metal de flores)”

Pero aún faltaba algo que le diera la personalidad que el género necesitaba. Possessed redirigió su estilo de nuevo al trash, y la sombra (más conceptual que artística) del black metal aún influía demasiado en el death. No fue hasta los últimos coletazos de los 80 cuando el género sufrió un cambio dramático.

Y es que esta época se caracterizó por grupos como Sodom, Hellhammer o Celtic Frost, bandas genuinamente ajenas al género, jugando a ser death metal, y dándole en el camino sentido y forma. Fue este hecho lo que propició, ahora sí, que los noventa nacieran con un death que, a pesar de ser un poco deforme, tenía su propia identidad, y por supuesto, su público específico.

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Imagen tomada de la página oficial de Celtic Frost

Era la época en la que el trash quedó en segundo plano, gracias (o por culpa de) a bandas como Obituary, Deicide o Morbid Angel, que ya llevaban el death en la sangre. Lo particular es que podemos asociar el death metal con un sonido, pero no con un país: sus padres fueron muchos y los noventa fueron demasiado locos. Pero ya profundizaremos en ello en la próxima semana.

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Acerca de Xabi

Juntaletras de Live! Zarata. Mayordomo en Xenogames. Monaguillo en Indieorama. Stranger in a strange land, de toda la vida. Con un 20% más de pasta en las gafas. @wickedtxild si te van los ciento y pico caracteres.
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